¿Por qué la crítica de arte sería de antemano un problema para la epistemología? ¿O porqué nos referimos al fin del arte, como lo hacen Kant y Adorno, como un tipo de conocimiento? ¿Hay que poder entender un Rothko para apreciarlo? De este tipo de juicios depende mucho el mercado del arte y sus especulativas evasiones de impuestos. A todo lo que han llevado estas preguntas, las cuáles sin duda tienen un carácter más profundo del que yo sería capaz de resumir, es a poner de lado la cuestión de cómo gozar del arte. Sin entrar en el problema de si el conocimiento y el gozo del arte se contradicen o si queda entre ellos establecida alguna jerarquía, es necesario decir que el problema del gozo del arte ha sido relegado de la formación estética. Y, por esta razón, la insatisfacción estética está a tope en nuestra época.
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